En el lugar donde vivo ya no tengo un jardín, ni un huerto, ni un vergel.
Simplemente sueño con el paraiso.
Quiero que las plantas vivan libres y sin mi ayuda y quizás -algún día- poder cosechar todo el alimento que necesite, física, emocional y mental, de su vitalidad natural.
Ya empiezo a disfrutarlo.
Estoy convencido de que prácticamente todas las plantas silvestres son asimilables, desde su raíz, tronco, ramas, flores, frutos, semillas,...
Pueden comerse bien crudas, germinadas, fermentadas, siempre bien salivadas y con mucha calma, agradeciendo la generosidad de nuestra naturaleza y dándonos cuenta de que somos ella.

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